Capricornio – Emocional – Laríngeo: AYUDA

El estudio de la adaptación social se ha basado típicamente en la exploración de comportamientos antisociales. Sólo más recientemente se ha focalizado el comportamiento prosocial, su antítesis, como objeto de estudio. Dentro de este contexto, resulta contrastante la gran cantidad de investigaciones acerca de la conducta prosocial en la infancia y en la adolescencia, con los escasos desarrollos enmarcados en etapas posteriores.

Podríamos afirmar, así, que el estudio de dicho constructo en la adultez y la vejez es un campo incipiente, con una gran variedad de aristas por explorar. La conducta prosocial es importante en la edad adulta por distintos motivos: se espera del adulto que pueda tener cierto grado de pro-sociabilidad, ya que esto contribuye a una mejor convivencia creando lazos solidarios, y, así, a un mayor bienestar social y personal.

El comportamiento prosocial es considerado valioso ya que favorece los vínculos sociales y modera la agresividad (Carlo, Mestre, Samper, Tur, & Armenta, 2010), es un recurso valorado por la sociedad. Las conductas prosociales pueden reforzar la autoestima de otros y la del que la realiza por actuar conforme a determinados valores morales. Asimismo, es una competencia laboral relevante en muchas profesiones, como ser las de ayuda humanitaria. Se hace necesaria la construcción de instrumentos de medición de la conducta prosocial en la adultez específicos para distintos ámbitos, tales como el clínico, forense, educacional y laboral.

En la vejez los lazos sociales son los que sustentan a la persona en su salud psíquica, es así que el comportamiento prosocial resulta importante en tanto potenciador de dichos lazos. Según Krzemien (2001), en la medida en que el adulto mayor logre reconocimiento a partir de las relaciones sociales significativas, esta etapa será vivida como prolongación del resto del ciclo vital; de lo contrario se vivirá como una fase de declinación funcional y aislamiento social.

 Neurológicamente, la actividad social potencia el aprendizaje y la memoria y previene el envejecimiento y las neuropatías. El “enriquecimiento ambiental” protege el cerebro, restaurando funciones que se pierden a causa de la edad, las lesiones o determinadas enfermedades (Bentosela & Mustaca, 2005). Es así como la calidad de vida se halla estrechamente relacionada con la participación en el medio social, y ésta última se ve incrementada por la realización de conductas prosociales.

Los invito a leer el post de Matías con el tema del día

Finalmente, aliento a cada uno a reflexionar sobre el concepto del día. Nadie más que nosotros podemos resignificar nuestro propio ser!

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