Piscis – Emocional – Sacro: EMPATIA

La empatía es una de las mayores capacidades requeridas para entendernos unos a otros. Esta capacidad va más allá del entendimiento intelectual o cognitivo de la experiencia o punto de vista del otro. La empatía incluye una comprensión a nivel emocional. Implica tratar de comprender exactamente y comunicar la realidad objetiva del otro, sin añadir, quitar o cambiar la información que proviene a nivel afectivo y a nivel cognitivo. La empatía requiere que dejemos a un lado los propios sentimientos, reacciones y pensamientos, con el objetivo de detectar el mundo del otro. Esa comprensión positiva construye una relación de confianza al percibir una sensación de profunda recompensa mutua y ampliar la capacidad de conocerse mejor también por ambas partes. La empatía es la capacidad que se tiene para comprender la experiencia única de la otra persona, ese “estar dentro de los zapatos de alguien”.

La empatía se da en todas las personas en mayor o menor grado. No se trata de un don especial con el que nacemos, sino de una cualidad que podemos desarrollar y potenciar. La capacidad para la empatía empieza a desarrollarse en la infancia. Los padres son los que cubren las necesidades afectivas de los hijos y los que les enseñan, no solo a expresar los propios sentimientos, sino también, a descubrir y comprender los de los demás. Si los padres no saben mostrar afecto y comprender lo que sienten y necesitan sus hijos, estos no aprenderán a expresar emociones propias y por consiguiente, no sabrán interpretar y sentir las ajenas. De ahí, la importancia de una buena comunicación emocional en la familia desde el principio. La capacidad para la empatía se desarrollará más fácilmente en aquellas personas que han vivido en un ambiente en el que han sido aceptadas y comprendidas, han recibido consuelo cuando lloraban o tenían miedo, han visto como se vivía la preocupación por los demás…En definitiva, cuando las necesidades afectivas y emocionales han estado cubiertas desde los primeros años de vida.

Muchas veces hemos podido preguntarnos por qué la gente no busca apoyo en nosotros o se retraen a la hora de hablarnos de sentimientos. Existen una serie de barreras que suelen impedir este acercamiento. Entre los errores que solemos cometer con más frecuencia a la hora de relacionarnos con los demás están esa tendencia a quitarle importancia a lo que le preocupa al otro e intentar minimizar sus sentimientos; escuchar con prejuicios y dejar que nuestras ideas y creencias influyan a la hora de interpretar lo que les ocurre; juzgar y acudir a frases del tipo «lo que has hecho está mal», «de esta forma no vas a conseguir nada», «nunca haces algo bien»… Sentir compasión o ponerse como ejemplo por haber pasado por las mismas experiencias. Intentar animar sin más, con frases como «ánimo en esta vida todo se supera». Dar la razón y seguir la corriente….Todo esto, lo único que hace es bloquear la comunicación e impedir que se produzca una buena relación empática.

Finalmente, aliento a cada uno a reflexionar sobre el concepto del día. Nadie más que nosotros podemos resignificar nuestro propio ser

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