Aries – Físico – Tobillos: NACIMIENTO

Para afirmar que el hombre es el descendiente modificado de alguna forma preexistente, es menester averiguar antes si varía en sí mismo, por poco que sea, en su conformación corporal y facultades mentales, y, caso de ser así, si las variaciones se transmiten a su prole siguiendo las leyes que rigen para los animales inferiores, tales como la de la transmisión de los caracteres a la misma edad o sexo.

Sabido es de todos que el hombre está constituido sobre el mismo tipo general o modelo que los demás mamíferos. Todos los huesos de su esqueleto son comparables a los huesos correspondientes al de un mono, de un murciélago, o de una foca. Lo mismo se puede afirmar de sus músculos, nervios, vasos sanguíneos y vísceras internas. El cerebro, el más importante de todos los órganos, sigue la misma ley, como lo han probado Huxley y otros anatomistas.

Bischoff admite también que cada hendidura principal y cada repliegue del cerebro humano tiene su análogo en el del orangután; pero añade que los dos cerebros no concuerdan completamente en ningún período de su evolución; concordancia que, por otra parte, no puede esperarse, ya que de verificarse serían iguales las facultades mentales de ambos. Vulpian hace la observación siguiente: «Las diferencias reales que existen entre el encéfalo del hombre y el de los monos superiores, son excesivamente tenues. Sobre este particular no podemos hacernos ilusiones.

Por los caracteres anatómicos de su cerebro, el hombre se aproxima más a los monos antropomorfos, que éstos no sólo a ciertos mamíferos, sino aun a ciertos cuadrumanos, como los macacos. Pero aquí sería superfluo dar más detalles sobre la correspondencia entre el hombre y los mamíferos superiores, en lo referente a la estructura del cerebro y de todas las demás partes del cuerpo.

El hombre se desarrolla de un óvulo de cerca de dos centímetros de diámetro, que no difiere en ningún punto de la que da origen a los demás animales. El embrión humano, en un período precoz, puede a duras penas distinguirse del de otros miembros del reino de los vertebrados. En este período, las arterias terminan en las ramas arqueadas, como para llevar la sangre a branquias, que no existen en los vertebrados superiores, por más que las hendiduras laterales del cuello persistan marcando su posición anterior. Algo más tarde, cuando se han desarrollado las extremidades, como hace notar el célebre de Bäer, las patas de los lagartos y mamíferos, las alas y patas de las aves, como las manos y los pies del hombre, todas derivan de una misma forma fundamental.

Así podemos darnos cuenta del modo como el hombre y todos los demás vertebrados han sido construidos según un mismo modelo general; de por qué pasan por las mismas fases primitivas de desarrollo, y de cómo conservan algunos rudimentos comunes. Deberíamos, por lo tanto, admitir francamente su comunidad de descendencia, ya que toda otra opinión sólo puede conducirnos a considerar nuestra conformación y la de los animales que nos rodean, como una asechanza preparada para sorprender nuestro juicio.

Invito a todos a leer el post de Matías con el tema del día

Finalmente, aliento a cada uno a reflexionar sobre el concepto del día. Nadie más que nosotros podemos resignificar nuestro propio ser

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