Tauro – Emocional – Raíz: DANZA

La danza ha sido objeto de análisis a la luz de diversas perspectivas, pero no abundan aquellas que ponen el acento en el cuerpo y menos aún en su carácter de práctica corporal. La Educación Corporal entiende que “el cuerpo se construye en las prácticas simbólicas, a partir de su inclusión en el orden simbólico a través del lenguaje” (Crisorio y Escudero 2012: 1), lo que supone, en primer lugar, que el cuerpo no es natural ni esencial, sino histórico; sobre esa historia hay que indagar si se quiere hacer un análisis del cuerpo de la danza. Por otro lado, proponer la danza como contenido de la Educación Corporal nos obliga a repensar no sólo la categoría de cuerpo, sino también la de técnica, que fuera interpretada siempre a la luz de su dimensión instrumental, esencializando esa perspectiva y obturando la posibilidad de pensar la técnica como un modo de la acción orientado a la creación de formas nuevas.

La palabra balé proviene del vocablo italiano balleto (bailar), que a su vez proviene del latín ballare (bailar) emparentado con los griegos ballizein (bailar) y ballein (tirar, arrojar con fuerza). El balé es una puesta en forma del baile, un ordenamiento específico de la danza. La danza, entendida como “una sucesión 14 rítmica de movimientos corporales cuya comprensión como secuencia de danza depende del contexto social dado” (Henckmann y Lotter 1998: 68), es un componente del balé, pero no lo agota. Lo que se denomina ballet es una forma específica de danza, ligada al divertimento y la contemplación, y si bien podemos encontrar en los ballets históricos o modernos funciones de legitimación simbólica respecto del estado de cosas en el campo del arte o en el espacio social, aquellas no son funciones explícitas, sino que se desarrollan en base a la lógica de la práctica, de los modos de hacer y ver en medio de los cuales el ballet se desarrolla como práctica corporal y artística.

En este sentido es oportuno decir que el balé se diferencia de:

a) las danzas rituales, que se ejecutan a sabiendas de que cumplen una función con sentido para la comunidad y en las cuales se convoca a la danza para tener éxito en el decurso de los acontecimientos esperados;

b) las danzas festivas de tipo religioso, que se ejecutan en servicio de la creencia en una divinidad y esperando también una función, de perdón o de salvación;

c) las danzas paganas o de carnaval que tienen por función o sentido social poner al hombre común en contacto con el universo y, a través de éste, con otra temporalidad; y

d) las danzas de salón sean corales o de parejas. Sobre este último punto vale la pena reforzar la idea que nos permite sostener que, si bien el balé reconoce en las danzas de salón su antecedente directo, en la medida en que se institucionaliza como arte se irá diferenciando sustantivamente de ellas.

El cuerpo se hace y la danza es un hacer. El hacer del hombre, cuando lo articulamos a la construcción de sentido (y no sólo a la reproducción y satisfacción de las necesidades) y a su inteligibilidad a partir de una forma, es resultado de una techné. El desplazamiento, a nivel del cuerpo, del instrumento al objeto nos aleja de la técnica en su sentido instrumental y antropológico, pero no nos aleja de la techné en el sentido griego, en tanto estatuto poético del hacer del hombre en la tierra.

Invito a todos a leer el post de Matías con el tema del día

Finalmente, aliento a cada uno a reflexionar sobre el concepto del día. Nadie más que nosotros podemos resignificar nuestro propio ser

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