Géminis – Físico – Tercer Ojo: NOMBRE

Partiendo de la frase que se establece al inicio, y que pertenece al cuento William Wilson, del célebre escritor estadounidense Edgar Alan Poe ¿puede un nombre estar tan lleno de desgracias y calamidades que llega a manchar un escrito? Y si los nombres cargan con esa historia simbólica de hechos y acciones que poco a poco los van llenando hasta obtener esa capacidad de deshonrar su legado ¿los nombres que se heredan de abuelo a padre y luego al hijo, o de abuela a madre y después a hija, hacen que estos y estas últimas carguen con el peso de sus antepasados? O ¿puede que incluso cometan sus mismos errores, o compartan sus mismas virtudes? ¿Está tan lleno y cargado de depósitos, propios y de otros, que ensucian su significado?

Y esta última genera otra pregunta, que quizás sea la más importante en este trabajo ¿tienen un significado los nombres propios? Según lo expone Poe en esa frase, un nombre lleno de desgracias en su historia, que se ha ganado el odio y desprecio de su propio linaje, tiene la capacidad de manchar la pureza de una hoja. Dicho de otra forma, las acciones de una persona van a marcar esa unión de letras que conlleva a un nombre al punto de que, ante los otros, cambie totalmente el simbolismo, y el significado que encerraba ese nombre, y no solo eso, sino que también se ve modificada la concepción propia de la persona que porta ese nombre.

El filósofo John Searle (1958) explica que los nombres propios no corresponden a un sin sentido, y que son un conjunto de caracteres que se encuentran unidos debido a que identifican algo, y esa identificación es la que brinda sentido a ese algo, o lo que es lo mismo decir que la identificación del objeto brinda sentido al objeto mismo.

El etnólogo y antropólogo Strauss (1964) explica que, en muchos de sus estudios, encontró que los nombres propios no eran en realidad propios, ya que pertenecían a la tribu o al clan de las personas, pues hacían alusión a la ocupación de la persona dentro de ese clan o esa tribu, a características de los padres de la persona, a momentos históricos de ese clan o tribu, incluso a los animales o parte de los animales más representativos de ese clan o tribu. Por tanto, el nombre de una persona tenía la carga simbólica que implica ser parte de ese sistema social, y en ocasiones la carga de llegar a poseer las características que presentaban algunos de sus ancestros.

Abordando la perspectiva psicoanalítica clásica, los autores Marcer y Kicillof (1990) mencionan que para Freud existen pocas personas que no sientan molestia cuando un otro olvida su nombre, pues el nombre propio es inseparable de la persona, en cierta forma se podría decir que es la representación de la esencia misma de la persona, pues quien no es nombrado equivale a la nada, no tendría un lugar dentro del discurso cotidiano.

Invito a todos a leer el post de Matias con el tema del día

Finalmente, aliento a cada uno a reflexionar sobre el concepto del día. Nadie más que nosotros podemos resignificar nuestro propio ser

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