Fuera de tiempo # 2: MADRE TERESA

Soy: llegamos al elemento tierra, y nadie más representativo para presentar este día

Yo: la madre Teresa

Soy: no podía faltar en las conversaciones a honrar.

Yo: persona noble, humilde, consciente del sufrimiento y el significado de ayudar a quienes más lo necesitaban

Soy: despojada de toda soberbia, del egocentrismo banal, y avocada a ayudar al prójimo.

Yo: toda su vida ha sido un ejemplo. Y su abnegación y lucha por los más pobres ha significado que pueda ubicarse por sobre todos nosotros, en cuanto a evolución y libertad espiritual del ser.

Soy: sin duda es así. Nos sumergimos en su conversación

Madre Teresa, a muchos nos impresiona ver en este convento a tantas monjas de la India atendiendo a los más pobres y enfermos de Lima. ¿Llegará un día en que veamos a religiosos y misioneros procedentes del Tercer Mundo atender las necesidades espirituales de países desarrollados?

(La madre sonríe) Ustedes pertenecen al Primer Mundo, y nosotros, la India, ¿a cuál?

Me imagino que aún al Tercero…

Mire, creo que es hermoso considerar que existe mucha pobreza espiritual en los países ricos, e incluso pobreza material, aunque sea menos visible. En todos ellos hay una muchedumbre de personas que sufren soledad, desamor, enfermedades físicas y morales, que constituyen una pobreza mayor que la material y más difícil de solucionar.

Madre Teresa, usted no busca ni fama ni prestigio y, sin embargo, viaja con frecuencia, pronuncia discursos y recibe premios. ¿Siente ahora la necesidad de difundir algún mensaje que no sentía antes?

Acepto las invitaciones y los premios por la gloria de Dios y el bien de la gente. Acepté el premio Nobel de la Paz por ese motivo, de otro modo nunca lo hubiera aceptado.

¿Piensa que basta el amor y el servicio al prójimo para solucionar todos los problemas, sin cambiar las estructuras injustas?

Hemos de hacer sólo lo que seamos capaces de hacer. Nosotras intentamos arreglar los males del mundo dando a los pobres, a los enfermos, a los despreciados, a los más miserables de los miserables, todo el cariño y afecto que somos capaces de ofrecerles. Todos, desde su condición en el mundo, pueden también contribuir a la tarea de cambiarlo y purificarlo, buscando la unidad, el servicio, la reconciliación, el amor. Es necesario un amor tierno hacia el prójimo, que sólo puede venir de la oración porque ella nos concede un corazón limpio.

¿Qué significa para usted el sufrimiento?

Sufrir es participar en la Pasión de Jesucristo. En cierta ocasión me encontraba junto al lecho de una mujer enferma de cáncer y le animaba y consolaba diciendo que ese dolor era un beso de Jesús. Le decía: «Mira, estás tan cerca de la Cruz de Jesucristo que Él te puede besar.» Y entonces ella, haciendo un gran esfuerzo y con una pizca de humor me contestó: «Por favor, madre Teresa, dígale a Jesús que deje de besarme.» Sí, yo siempre digo a los enfermos que su dolor es un regalo del cielo y que tienen que hacer uso de ese bien. Muchas veces no podemos hacer más que eso: pedirles que ofrezcan sus sufrimientos por la paz entre los hombres.

Madre, desde que ha llegado a Lima no ha hecho más que referirse al aborto como un crimen horrible en todas sus intervenciones públicas ¿Qué relación tiene esa insistencia con el motivo de su viaje a Perú, el Congreso sobre la Reconciliación?

El aborto es un asesinato. Todo lo que destruye una vida humana es contrario al amor, a los planes de Dios respecto a cada una de sus criaturas, y a la concordia entre los hombres.

Entrevista publicada en el ABC del 21 de agosto de 1989 – ARCHIVO ABC

Muchos la llaman la «Madre de los pobres» y ven en usted una luz de esperanza para sus dolores físicos o morales. Desean sólo tocarla e incluso imploran su bendición. Madre, ¿qué opina de la ordenación sacerdotal de las mujeres y de la corriente feminista que ha brotado en algunos sectores de la Iglesia Católica?

Nadie pudo haber sido mejor sacerdote que Nuestra Señora la Virgen María. Y, sin embargo, quiso permanecer como la Esclava del Señor. Lo que yo puedo hacer como mujer no puede hacerlo ningún hombre, y por eso es tan importante para mí aspirar a ser una mujer perfecta de acuerdo con los planes que Dios me reservaba cuando me creó.

Madre Teresa, no sé si la pregunta puede sonar un poco indiscreta, pero, ¿por qué es tan criticado el Papa en ciertos círculos intelectuales y usted no?

Es muy sencillo. Porque yo soy una más entre el común de los mortales y el Papa no lo es, él es el Vicecristo en la Tierra. Lo que el Papa dice, por tanto, tiene que ser bendecido y lo que yo digo no, basta que sea compartido. No obstante, el Santo Padre es muy querido y obedecido en todas partes, y los que no lo siguen son una minoría.

Madre, ¿no le molesta la fama de santa que despierta por todas partes?

No, ¿por qué habría de molestarme? Para mí es un deber luchar por la santidad como para todos los cristianos, porque a todos nos ha dicho Dios: «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.

¿Cuál es el secreto del éxito en todo el mundo de sus monjas, las Misioneras de la Caridad?

La oración, porque el fruto de la oración es la fe, y el fruto de la fe es el amor; el fruto del amor, el servicio al prójimo; y el fruto del servicio, la paz.

Pocas semanas antes de morir, la Madre Teresa de Calcuta concedió a la revista brasileña misionera Sem Fronteras la que tal vez fue su última entrevista. A continuación, amplios pasajes de la misma.

¿Cuántas son las Misioneras de la Caridad?

Teresa de Calcuta: Tenemos 3.604 hermanas que han pronunciado los votos religiosos, 411 novicias y 260 aspirantes a religiosas. Estamos esparcidas en 119 países. Hoy disponemos de 560 tabernáculos o casas.

¿Por qué los llaman «tabernáculos»?

Teresa de Calcuta: Porque Jesús está presente en estas casas. Son casas de Jesús. Nuestra congregación quiere contribuir a que las personas puedan saciar su sed de Jesús. Con ello tratamos de rescatar y santificar a los más pobres de los pobres. Pronunciamos los votos de castidad, pobreza y obediencia. Pero hemos recibido, además, la autorización especial para hacer un cuarto voto: ponernos al servicio de los más pobres de los pobres.

Usted suele afirmar que no hay amor sin sufrimiento.

Teresa de Calcuta: Sí, el verdadero amor hace sufrir. Cada vida y cada relación familiar tienen que ser vividas honestamente. Esto presupone muchos sacrificios y mucho amor. Pero, al mismo tiempo, estos sufrimientos se ven acompañados siempre por un gran sentido de paz. Cuando en una casa reina la paz, allí se encuentran también la alegría, la unión y el amor.

Su congregación ha abierto casas para enfermos de SIDA en diferentes partes del mundo…

Teresa de Calcuta: Hasta hace algunos años, algunas personas llegaban incluso a suicidarse cuando recibían la noticia de que estaban enfermos de sida. Hoy ni un enfermo muere en la desesperación y en la angustia en nuestras casas. Todos, incluidos los no católicos, mueren en la paz del Señor. ¿No cree que esto es maravilloso?

Las reglas de su Congregación indican que el trabajo por los pobres ha de realizarse tanto «en la esfera espiritual como en la material». ¿Qué entiende por pobreza espiritual?

Teresa de Calcuta: Los pobres espirituales son los que todavía no han descubierto a Jesús o los que se han separado de Él a causa del pecado. Los que viven en la calle también tienen necesidad de ser ayudados en este sentido. Por otra parte, me hace muy feliz el constatar que, en nuestro mundo, podemos contar también con la ayuda de gente bien asentada, a quienes ofrecemos la oportunidad de hacer una obra buena por Dios.

¿Reciben ayuda también de personas de otras religiones?

Teresa de Calcuta: Sí, de musulmanes, de hindúes, de budistas y de muchos otros. Hace unos meses, un grupo de budistas japoneses vino a hablar conmigo sobre espiritualidad. Les dije que ayunamos todos los primeros viernes de mes y que el dinero que ahorramos lo destinamos a los pobres. Cuando regresaron a su país, pidieron a las familias y a las comunidades budistas que hicieran lo mismo. El dinero que recogieron nos ha permitido construir el primer piso de nuestro centro «Shanti Dan» («Don de Paz») para las muchachas que se encuentran en la cárcel. Más de cien muchachas han salido ya de prisión.

Quienes la critican aseguran que su único objetivo es convertir a los que no son cristianos…

Teresa de Calcuta: Nadie puede forzar o imponer la conversión: tiene lugar sólo por la gracia de Dios. La mejor conversión consiste en ayudar a las personas a amarse unas a otras. Nosotros, que somos pecadores, hemos sido creados para ser hijos de Dios y tenemos que ayudarnos mutuamente para estar lo más cerca posible de Él. Todos nosotros hemos sido llamados a amarle.

Usted dice que sus hermanas no son asistentes sociales.

Teresa de Calcuta: Somos contemplativas, pues rezamos nuestro trabajo. Desempeñamos un trabajo social, pero somos mujeres consagradas a Dios en el mundo de hoy. Hemos confiado nuestra vida a Jesús, como Jesús nos ha dado su vida en la Eucaristía. El trabajo que realizamos es importante, pero lo importante no es la persona que hace ese trabajo. Hacemos esto por Jesucristo, porque lo amamos. No somos capaces de hacer todo. De todos modos, yo rezo siempre por todos los que se preocupan por las necesidades y miserias de los pueblos. Muchas personas ricas se han unido a nuestra acción. Personalmente no tenemos nada. Vivimos de la caridad y por la caridad.

Y de la Providencia…

Teresa de Calcuta: Tenemos que afrontar siempre necesidades imprevistas. Dios es infinitamente bueno. Siempre se preocupa de nosotras.

¿Por qué entran tantas jóvenes en su congregación?

Teresa de Calcuta: Creo que aprecian nuestra vida de oración. Rezamos cuatro horas al día. Además, ven lo que hacemos por los pobres. No es que sean trabajos importantes o impresionantes. Lo que hacemos es muy discreto, pero nosotros lo hacemos por los más pequeños.

Usted es una persona muy conocida. ¿No se cansa nunca de ver a tanta gente, de las fotografías…?

Teresa de Calcuta: Considero que es un sacrificio, pero también una bendición para la sociedad. Dios y yo hemos hecho un pacto: le he dicho «por cada foto que me hacen, Tú encárgate de liberar a un alma del Purgatorio…». Entre sonrisas, añade, creo que a este ritmo dentro de poco se va a vaciar el Purgatorio.

Soy: honrando a este ser especial y único, la madre Teresa de todos, invito a ver el video del día

Finalmente, aliento a cada uno a entablar la conversación con su propio Soy, escuchar lo que cada uno tenemos para decirnos. Nadie más que nosotros podemos resignificar nuestro propio ser

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