Escorpio – Físico – Toroide: MUERTE

La muerte es un tema tocado con un exceso de delicadeza por las disciplinas humanísticas. En Psicoanálisis, el tema aparece pocas veces y de manera fugaz, salvo en aquellos momentos en que Freud se siente en condiciones de incorporar en sus reflexiones el concepto de «impulso de muerte». Esto sucede tarde en el pensamiento psicoanalítico y suscita no poca resistencia. Lo mismo parece ocurrir con la posibilidad de hablar del hecho de morir, tema al que hoy me voy a referir, asumiendo el riesgo de que para más de uno sepa filosofía. Al fin y al cabo, todos somos muchas veces filósofos en nuestra vida y en ocasiones de nuestra muerte, o bien cuando pensamos en nuestra existencia, valores, éxitos y fracasos. También lo somos al pensar en las vicisitudes de la vida cotidiana cuando, por ejemplo, recordamos a los seres queridos que nos dejaron, o que murieron, o a aquellos a quienes la vida los llevó por otros caminos.

Si fuera posible imaginar una vida sin muerte, ésta sería paradójicamente carente de movimiento, de un hacia algo, es decir carente de vida. Sin la muerte no sería posible valorar la vida, la cual devendría en algo opaco que no valdría la pena ser vivida. Sólo ante la muerte tomamos contacto íntimo con la vida. Recién al morir alguien cercano o reflexionar sobre nuestra propia muerte comenzamos a representamos la idea de la vida como una biografía, como lapso que tiene, por tanto, un comienzo y un fin. Precisamente, y gracias a la muerte, la vida se constituye en algo valioso, irrepetible, que no queremos abandonar. Su pérdida es irreparable.

Cuando nos vemos frente a la muerte, sentimos que ésta ha irrumpido, interrumpido momentáneamente la vida; nos confronta y se nos muestra cruel, desconocida y misteriosa. Nos pone delante de nuestro propio fin. Ignoramos cuando sucederá, si lo supiéramos -dice Minkoswki- no podríamos vivir, estaríamos demasiado pendientes del tiempo que nos queda de vida. No son pocos los que al superar una situación de muerte sienten que la realidad se les aparece como sagrada y hermosa. May se preguntaba si sería posible amar apasionadamente si supiéramos que nos moriríamos. Por esto, decía este psicólogo existencial, que por ser inmortales los dioses olímpicos eran aburridos. Y es también por esta razón que trataban de relacionarse con los hombres, enamorándose de mujeres mortales y satisfaciéndoles a su vez deseo en el de inmortalidad a través de un hijo producto del amor. Así para los griegos la pasión que vence al tedio se compone de vida, muerte y deseo de eternidad.

Los invito a leer el post de Matías con el tema del día

Finalmente, aliento a cada uno a reflexionar sobre el concepto del día. Nadie más que nosotros podemos resignificar nuestro propio ser!